Recordar es vivir

Son las 2:00 a.m. y no puedo dormir, así que me pareció una buena idea abrir mi portátil y ponerme a escribir. Me siento con mucha energía ya que hoy salí a bailar con amigos, cosa que no hacía desde hace 4 años. Es extraño porque casualmente me acorde del momento que me llevo a estar aquí.

Hace un año exactamente me levanté  en la madrugada como el día de hoy porque sentí algo en mi pecho, sentí que me ahogaba y que me envolvía una sensación de angustia y miedo, me di cuenta que estaba a punto de cumplir 27 años y que no había vivido. Recuerdo que esa noche sonaba en mi cabeza una frase que posiblemente conozcas La vida no es aquello que has vivido sino lo que recuerdas y como lo recuerdas para contarlo, ¿te suena? Es una frase que me marco desde el instante que la leí en el libro de 100 años de soledad.


Antes de decirte que significa para mi, quiero contarte una pequeña historia de mi vida. 

Recuerdo que desde pequeña viajaba mucho, siempre estaba fuera de mi casa ya sea por los Boy Scouts o acampando con mis papás, cada que mis amigos salían me invitaban y yo siempre decía que si, después ingrese a la carrera de Turismo dónde tuve más viajes y finalmente a Biología dónde cada semestre teníamos 2 a 4 salidas. De alguna manera siempre trataba de escapar de mi realidad, de mi vida, me daba tanto miedo enfrentarme a mi misma que huía. Pero por  otro lado lo hacía porque creía firmemente que una persona era la suma de sus experiencias y una manera de tenerlas era viajando, pero jamás me percate que lo único que viajaba era mi cuerpo ya que a mi mente y alma siempre las mantenía encerradas; me sentía como Walter en la película de la vida secreta de Walter Mitty” en dónde él siempre divagaba mentalmente y nunca estaba presente.

Cuando ingrese a la carrera tuve un noviazgo con un chico muy apasionado, lo conocí y a los 3 meses me fui a vivir con él (Lo sé, fue una locura). Algo que constantemente me sorprendía es que siempre tenía historias que contarme, mientras yo iba al gym, salía con mi familia y amigos de viaje, iba a escuela y trabajaba, el sólo pasaba su día en la escuela y en su casa, pero cada que lo veía siempre tenía cosas nuevas que contarme. Yo era una excelente oyente, no es que me encantara escuchar pero era la mejor opción dado a que no tenía nada que contar, y cuando el me preguntaba ¿Y que tal tu día? Me ponía nerviosa, me congelaba de miedo y cambiaba de tema porque no tenía nada que decir, el hecho de no poder recordar algo valioso era frustrante. ¿Cómo era posible que no pudiera contarle nada a pesar de que contaba con más experiencias que él? 

Cuando terminamos nuestra relación, comencé a leer 100 años de soledad y me encontré con esta frase: La vida no es aquello que has vivido sino lo que recuerdas y como lo recuerdas para contarlo, en ese momento comprendí todo. Comprendí como es que el siempre tenía historias que contarme y era porque sentía y vivía cada momento.

Bueno… algo con lo que nunca estuve de acuerdo respecto a la frase es que para mi vivir significa sentir, creo que una mejor opción sería la vida no es aquello por lo que has pasado sino lo que recuerdas y como lo recuerdas para contarlo.” ¿O no?  En fin…el punto es que era por eso que yo no podía recordar nada, porque durante gran parte mi vida jamás estuve presente, mi cuerpo estaba ahí pero mi mente y alma estaban ausentes, ¡la mayor parte del tiempo!. Es cómo cuando vas a clase y una amiga tuya que no entro te pregunta, ¿Que vieron en clase? Y tu le dices: mm, no me acuerdo. ¿De verdad? ¿Cómo es posible que olvides algo que paso minutos antes?  Y si, pasa…pasa todo el tiempo porque no estamos presentes en la clase, en lugar de poner atención y disfrutar ese instante estamos pensando en mil cosas menos en aquel momento. Pero lo preocupante es que muchos no sólo están ausentes en clase sino en su vida.

Y hace un año exactamente me di cuenta de esto, me levante temblando y llorando, me aterro la idea de que mi vida siguiera el mismo rumbo, sin sentido, sin emociones, ni sentimientos. Me pregunté a mi misma si realmente era la vida que yo quería.  ¿Y que hice? Hice lo que mucha gente hace… ¡huir!, necesitaba alejarme de mi realidad, de la gente con la que estaba, de la escuela y de mi trabajo. Así que me dormí y al día siguiente comencé a preparar todo, me di de baja temporal de la Universidad y me fui de viaje. 

Creí que al irme todo cambiaría y la verdad es que al principio no fue así, me costo mucho abrirme y comenzar a disfrutar de la vida pero cuando estas lejos de casa, lejos de los tuyos, comienzas a valorar lo que tienes y a dejarte sorprender por las cosas más pequeñas pero a la vez más deslumbrantes que te pasan. 

Y si, al final todo cambio pero me di cuenta que no necesitaba viajar cientos de kilómetros o cambiar a mi circulo social para comenzar a vivir, lo único que necesitaba era disfrutar el momento, relajarme, dejarme sorprender, sentir, escuchar, desconectarme de las redes sociales que me tenían tan atrapada y compartir mi vida con la gente que amaba. Y lo más importante, aprendí que no tenía que ignorar las pequeñas alegrías de la vida sólo por aguardar la gran felicidad que era lo había hecho durante toda mi existencia. Porque esta es nuestra vida, ya empezó y jamás se detendrá por nosotros.

¿Te acuerdas que te dije que me ponía nerviosa y que cambiaba de tema cada vez que mi ex pareja me preguntaba como había estado mi día? Acepto que a veces me costaba recordar que había pasado en mi día porque realmente no lo vivía, pero por otro lado no me sentía cómoda hablando de mis experiencias porque sentía que no eran lo suficientemente interesantes y que al menos que contara una gran hazaña mi historia no era digna de ser contada. Pero hoy sé que yo soy importante, tu eres importante y por lo tanto cada suceso en tu vida también. La única persona que puede darle sentido a tu vida eres tu mismo.

Esa noche fue mi momento de impacto, me di cuenta que mi vida estaba pasando frente a mis ojos, que a pesar de  que había visitado cientos de lugares y conocido a muchas personas no había vivido. El día de hoy tengo muchas cosas que hacer pero creo que jamás había vivido tanto en mi vida, tal vez no viaje como lo hacía antes pero ahora vivo cada instante, en cada momento de mi vida hay sentimientos, emociones y lo más importante SOY FELIZ , porque “La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te roban el aliento”.

¿Y tú?,  ¿te encuentras en modo supervivencia o realmente estas viviendo?

Son las 2:00 a.m. y no puedo dormir, así que me pareció una buena idea abrir mi portátil y ponerme a escribir. Me siento con mucha energía ya que hoy salí a bailar con amigos, cosa que no hacía desde hace 4 años. Es extraño porque casualmente me acorde del momento que me llevo a estar aquí. 


Hace un año exactamente me levanté  en la madrugada como el día de hoy porque sentí algo en mi pecho, sentí que me ahogaba y que me envolvía una sensación de angustia y miedo, me di cuenta que estaba a punto de cumplir 27 años y que no había vivido. Recuerdo que esa noche sonaba en mi cabeza una frase que posiblemente conozcas “La vida no es aquello que has vivido sino lo que recuerdas y como lo recuerdas para contarlo”, ¿te suena? Es una frase que me marco desde el instante que la leí en el libro de 100 años de soledad. 


Antes de decirte que significa para mi, quiero contarte una pequeña historia de mi vida. 


Recuerdo que desde pequeña viajaba mucho, siempre estaba fuera de mi casa ya sea por los Boy Scouts o acampando con mis papás, cada que mis amigos salían me invitaban y yo siempre decía que si, después ingrese a la carrera de Turismo dónde tuve más viajes y finalmente a Biología dónde cada semestre teníamos 2 a 4 salidas. De alguna manera siempre trataba de escapar de mi realidad, de mi vida, me daba tanto miedo enfrentarme a mi misma que huía. Pero por  otro lado lo hacía porque creía firmemente que una persona era la suma de sus experiencias y una manera de tenerlas era viajando, pero jamás me percate que lo único que viajaba era mi cuerpo ya que a mi mente y alma siempre las mantenía encerradas; me sentía como Walter en la película de la vida secreta de Walter Mitty” en dónde él siempre divagaba mentalmente y nunca estaba presente. 


Cuando ingrese a la carrera tuve un noviazgo con un chico muy apasionado, lo conocí y a los 3 meses me fui a vivir con él (Lo sé, fue una locura). Algo que constantemente me sorprendía es que siempre tenía historias que contarme, mientras yo iba al gym, salía con mi familia y amigos de viaje, iba a escuela y trabajaba, el sólo pasaba su día en la escuela y en su casa, pero cada que lo veía siempre tenía cosas nuevas que contarme. Yo era una excelente oyente, no es que me encantara escuchar pero era la mejor opción dado a que no tenía nada que contar, y cuando el me preguntaba ¿Y que tal tu día? Me ponía nerviosa, me congelaba de miedo y cambiaba de tema porque no tenía nada que decir, el hecho de no poder recordar algo valioso era frustrante. ¿Cómo era posible que no pudiera contarle nada a pesar de que contaba con más experiencias que él? 


Cuando terminamos nuestra relación, comencé a leer 100 años de soledad y me encontré con esta frase: La vida no es aquello que has vivido sino lo que recuerdas y como lo recuerdas para contarlo”, en ese momento comprendí todo. Comprendí como es que el siempre tenía historias que contarme y era porque sentía y vivía cada momento. 


Bueno… algo con lo que nunca estuve de acuerdo respecto a la frase es que para mi vivir significa sentir, creo que una mejor opción sería la vida no es aquello por lo que has pasado sino lo que recuerdas y como lo recuerdas para contarlo.” ¿O no?  En fin…el punto es que era por eso que yo no podía recordar nada, porque durante gran parte mi vida jamás estuve presente, mi cuerpo estaba ahí pero mi mente y alma estaban ausentes, ¡la mayor parte del tiempo!. Es cómo cuando vas a clase y una amiga tuya que no entro te pregunta, ¿Que vieron en clase? Y tu le dices: mm, no me acuerdo. ¿De verdad? ¿Cómo es posible que olvides algo que paso minutos antes?  Y si, pasa…pasa todo el tiempo porque no estamos presentes en la clase, en lugar de poner atención y disfrutar ese instante estamos pensando en mil cosas menos en aquel momento. Pero lo preocupante es que muchos no sólo están ausentes en clase sino en su vida. 


Y hace un año exactamente me di cuenta de esto, me levante temblando y llorando, me aterro la idea de que mi vida siguiera el mismo rumbo, sin sentido, sin emociones, ni sentimientos. Me pregunté a mi misma si realmente era la vida que yo quería.  ¿Y que hice? Hice lo que mucha gente hace… ¡huir!, necesitaba alejarme de mi realidad, de la gente con la que estaba, de la escuela y de mi trabajo. Así que me dormí y al día siguiente comencé a preparar todo, me di de baja temporal de la Universidad y me fui de viaje. 



Creí que al irme todo cambiaría y la verdad es que al principio no fue así, me costo mucho abrirme y comenzar a disfrutar de la vida pero cuando estas lejos de casa, lejos de los tuyos comienzas a valorar lo que tienes y a dejarte sorprender por las cosas más pequeñas pero a la vez deslumbrantes que te pasan. 


Y si, al final todo cambio pero me di cuenta que no necesitaba viajar cientos de kilómetros o cambiar a mi circulo social para comenzar a vivir, lo único que necesitaba era disfrutar el momento, relajarme, dejarme sorprender, sentir, escuchar, desconectarme de las redes sociales que me tenían tan atrapada y compartir mi vida con la gente que amaba. Y lo más importante, aprendí que no tenía que ignorar las pequeñas alegrías de la vida sólo por aguardar la gran felicidad que era lo había hecho durante toda mi existencia. Porque esta es nuestra vida, ya empezó y jamás se detendrá por nosotros. 


¿Te acuerdas que te dije que me ponía nerviosa y que cambiaba de tema cada vez que mi ex pareja me preguntaba como había estado mi día? Acepto que a veces me costaba recordar que había pasado en mi día porque realmente no lo vivía pero por otro lado no me sentía cómoda hablando de mis experiencias porque sentía que no eran lo suficientemente interesantes y que al menos que contara una gran hazaña mi historia no era digna de ser contada. Pero hoy sé que yo soy importante, tu eres importante y por lo tanto cada suceso en tu vida también. La única persona que puede darle sentido a tu vida eres tu mismo.



Esa noche fue mi momento de impacto, me di cuenta que mi vida estaba pasando frente a mis ojos, que a pesar de  que había visitado cientos de lugares y conocido a muchas personas no había vivido. El día de hoy tengo muchas cosas que hacer pero creo que jamás había vivido tanto en mi vida, tal vez no viaje como lo hacía antes pero ahora vivo cada instante, en cada momento de mi vida hay sentimientos, emociones y lo más importante SOY FELIZ , porque  “La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te roban el aliento”.




¿Y tu?,  ¿te encuentras en modo supervivencia o realmente esta viviendo?


Cuando compartes eres más feliz

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Comentarios

2 opiniones en “Recordar es vivir”

  1. Daphne dice:

    ¡Me encanto! Me sentí super identificada

    1. ¿Es extraño no? A veces no nos damos cuenta que no necesitamos tener más cosas o viajar a más lugares, todo lo que necesitamos para ser felices ya esta aquí, ya lo tenemos. Y mientras seguimos buscando el tiempo esta pasando…

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